Ministerio Evangelístico Y Misionero; "Evangelismo Bajo Fuego"

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 Conozca A Los Profetas Mayores
 1. Prefacio/Contenido  2. El Príncipe De Los Profetas (Isaías 1-39) 3. Sentencias En Contra De Las Naciones Extranjeras (Is.13-23) 4. Mensajes De Salvacion (Is. 24-27) 
 5. Advertencia En Contra De La Alianza Con Egipto (Is. 28-35)6. La Historia De Los Tiempos De Ezequías (Is. 36-39) 7. El Profeta De Consuelo (Is. 40-66) 8. La Insensatez De La Idolatria (Is. 40-48) 
9. El Siervo Del Señor (Is. 49-57)   10. La Gloria Futura Del Pueblo De Dios (Is. 58-66) 11. El Profeta Llorón (Jeremías 1—25)12. El Llamado Del Profeta (Jr. 1)
13. La Traición De Judá (Jr. 2-6)  14. Confianza Falsa En El Templo (Jr. 7-10)15. El Pacto De Dios (Jr. 11-12) 16. Cinco Advertencias (Jr. 13)
17.  Los Símbolos De La Caída (Jr. 14-21) 18. Los Ultimos Reyes Y Profetas De Judá (Jr. 22-25)19.  El Profeta Del Castigo (Jr. 26-52; Lm, 1-5)20.Profecías Concernientes A Naciones Extranjeras (Jr. 46-51)
21. El Apéndice Histórico (Jr. 52); Las Lamentaciones De Jeremías (Lm. 1-5)  22. El  Profeta Cautivo (Ezequiel) 23. El Llamado Del Profeta (Ez. 1-3) 24. Cuatro Actos Simbólicos (Ez. 4-5) 
 25. El Pecado Y El Fin De Jerusalén (Ez. 8-11) 26. La Necesidad De La Cautuvidad (Ez. 12-19) 27. La Caída De Jerusalén (Ez. 20-24)  28. El Profeta De Restauración (Ez. 25-48)
29.  El Profeta Apocalíptico (Daniel)30. Historia De Daniel (Dn. 1-6)  31.  Visiones De Daniel (Dn. 7-12) 

Profeta es una voz griega, y designa al que habla por otro, o sea en lugar de otro; equivale por ende, en cierto sentido, a la voz "intérprete" o "vocero". Pero poco importa el significado de la voz griega; debemos recurrir a las fuentes, a la lengua hebrea misma. En el hebreo se designa al profeta con dos nombres muy significativos: El primero es "nabí" que significa "extático", "inspirado", a saber por Dios. El otro nombre es "roéh" o "choséh" que quiere decir "el vidente", el que ve lo que Dios le muestra en forma de visiones, ensueños, etc., ambos nombres expresan la idea de que el profeta es instrumento de Dios, hombre de Dios que no ha de anunciar su propia palabra sino la que el Espíritu de Dios le sopla e inspira.

Según I Rey. 9, 9, el "vidente" es el precursor de los otros profetas; y efectivamente, en la época de los patriarcas, el proceso profético se desarrolla en forma de "visión" e iluminación interna, mientras que más tarde, ante todo en las "escuelas de profetas" se cultivaba el éxtasis, señal característica de los profetas posteriores que precisamente por eso son llamados "nabí".

Otras denominaciones, pero metafóricas, son: vigía, atalaya, centinela, pastor, siervo de Dios, ángel de Dios (Is. 21, 1; 52, 8; Ez. 3, 17; Jer. 17, 16; IV Rey. 4, 25; 5, 8; Is. 20, 3; Am. 3, 7; Ag. 1, 13).

El concepto de profeta se desprende de esos nombres. El es vidente u hombre inspirado por Dios. De lo cual no se sigue que el predecir las cosas futuras haya sido la única tarea del profeta; ni siquiera la principal. Había profetas que no dejaban vaticinios sobre el porvenir, sino que se ocupaban exclusivamente del tiempo en que les tocaba vivir. Pero todos -y en esto estriba su valor- eran voceros del Altísimo, portadores de un mensaje del Señor, predicadores de penitencia, anunciadores de los secretos de Yahvé, como lo expresa Amós: "El Señor no hace estas cosas sin revelar sus secretos a los profetas siervos suyos" (3, 7). El Espíritu del Señor los arrebataba, irrumpía sobre ellos y los empujaba a predicar aún contra la propia voluntad (Is. cap. 6; Jer. 1, 6). Tomaba a uno que iba detrás del ganado y le decía: "Ve, profetiza a mi pueblo Israel" (Am. 7, 15); sacaba a otro de detrás del arado (III Rey. 19, 19 ss.), o le colocaba sus palabras en la boca y tocaba sus labios (Jer. 1, 9), o le daba sus palabras literalmente a comer (Ez. 3, 3). El mensaje profético no es otra cosa que "Palabra de Yahvé", "oráculo de Yahvé", "carga de Yahvé", un "así dijo el Señor". La Ley divina, las verdades eternas, la revelación de los designios del Señor, la gloria de Dios y de su Reino, la venida del Mesías, la misión del pueblo de Dios entre las naciones, he aquí los temas principales de los profetas de Israel.

En cuanto al modo en que se producían las profecías, hay que notar que la luz profética no residía en el profeta en forma permanente (II Pedro 1, 20 s.), sino a manera de cierta pasión o impresión pasajera (Santo Tomás). Consistía, en general, en una iluminación interna o en visiones, a veces ocasionadas por algún hecho presentado a los sentidos (por ejemplo, en Dan. 5, 25 por palabras escritas en la pared); en la mayoría de los casos, empero, solamente puestas ante la vista espiritual del profeta, por ejemplo, una olla colocada al fuego (Ez. 24, 1 ss.), los huesos secos que se cubren de piel (Ez. 37, 1 ss.); el gancho que sirve para recoger fruta (Am. 8, 1), la vara de almendro (Jer. 1, 11), los dos canastos de higos (Jer. 24, 1 ss.), etc., símbolo todos éstos que manifestaban la voluntad de Dios.

Pero no siempre ilustraba Dios al profeta por medio de actos o símbolos, sino que a menudo le iluminaba directamente por la luz sobrenatural de tal manera que podía conocer por su inteligencia lo que Dios quería decirle (por ejemplo, Is. 7, 14).

A veces el mismo profeta encarnaba una profecía. Así, por ejemplo, Oseas debió por orden de Dios casarse con una mala mujer que representaba a Israel, simbolizando de este modo la infidelidad que el pueblo mostraba para con Dios. Y sus tres hijos llevan nombres que asimismo encierran una profecía: "Jezrael", "No más misericordia", "No mi pueblo" (Os. 1).

El profeta auténtico subraya el sentido de la profecía mediante su manera de vivir, llevando una vida austera, un vestido áspero, un saco de pelo con cinturón de cuero (IV Rey. 1, 8; 4, 38 ss.; Is. 20, 2; Zac. 13, 4; Mt. 3, 4), viviendo solo y aun célibe, como Elías, Eliseo y Jeremías.

No faltaba en Israel la peste de los falsos profetas. El profeta de Dios se distingue del falso por la veracidad y por la fidelidad con que transmite la Palabra del Señor. Aunque tiene que anunciar a veces cosas duras: "cargas"; está lleno del espíritu del Señor, de justicia y de constancia, para decir a Jacob sus maldades y a Israel su pecado (Miq. 3, 8). El falso, al revés, se acomoda al gusto de su auditorio, habla de "paz", es decir, anuncia cosas agradables, y adula a la mayoría, porque esto se paga bien. El profeta auténtico es universal, predica a todos, hasta a los sacerdotes; el falso, en cambio, no se atreve a decir la verdad a los poderosos, es muy nacionalista, por lo cual no profetiza contra su propio pueblo ni lo exhorta al arrepentimiento.