| Génesis 15–17 En estos capítulos tenemos un rico caudal de verdad espiritual que se extiende hasta el NT, en particular a Romanos y Gálatas. Dios formuló sus promesas en 12.1–3 y las amplía en 13.14–18, pero en este punto revela más plenamente las promesas del pacto. Este pacto se relacionaba con el hijo de Abraham y la venida de la Simiente prometida, Cristo. También se refiere a la tierra de Canaán y el maravilloso programa de Dios para su pueblo, Israel. I. Los términos del pacto (15) A. El escenario. Abraham acababa de derrotar a los reyes (cap. 14) y vencer una gran tentación del rey de Sodoma. Ahora Dios interviene para animarlo. ¡Qué maravilloso que Cristo venga a nosotros cuando lo necesitamos! (14.18). Dios es nuestra protección (escudo) y provisión (recompensa); nunca necesitamos temer. Abraham no necesitaba la protección del rey de Sodoma ni las riquezas que le ofreció. Abraham tenía en Dios todo lo que necesitaba. B. La súplica. Abraham no quería recompensa; quería un heredero. Ahora tenía 85 años de los cuales había esperado diez a que naciera el hijo prometido. Si no tenía hijo, toda su herencia iría a Eliezer, su mayordomo. ¿No había prometido Dios en 12.2: «Haré de ti una nación grande»? Entonces, ¿por qué no cumplía su promesa? Dios contestó a la súplica de Abraham al hacer que quitara sus ojos de sí mismo y de su mayordomo y los levantara al cielo (v. 5). El versículo 6 es clave en la Biblia y puede traducirse: «Y él dijo AMÉN al Señor, y Él puso eso en su cuenta por justicia» (véanse Gl 3.6; Ro 4.3; Stg 2.23). ¿Cómo fue salvo Abraham? No por guardar la ley, porque la ley todavía no había sido dada, no por la circuncisión, porque eso no se estableció sino hasta cuando tenía noventa y nueve años. Fue salvo por fe en la Palabra de Dios. C. El sacrificio. La salvación se basa en el sacrificio, porque el pacto requiere derramamiento de sangre. En esa época había la costumbre de que las partes en un acuerdo caminaran por entre los pedazos de animales sacrificados; esto sellaba el acuerdo. Todos los sacrificios del versículo 9 hablan de Cristo y la cruz. Abraham ofreció los sacrificios y se esforzó por mantener alejado a Satanás (las aves en el versículo 11; Mt 13.4, 19). Pero nada ocurrió en realidad sino hasta que Abraham se quedó dormido. Abraham nunca anduvo entre los pedazos. Dios (v. 17) fue el único que anduvo entre ellos; el pacto era todo de gracia y dependía sólo del Señor. Como Adán (2.21), Abraham estaba profundamente dormido y no podía hacer nada para ayudar a Dios. Cuando estamos desvalidos, Dios puede hacer grandes cosas por nosotros. D. La garantía. Abraham quería saber con seguridad lo que Dios haría (v. 8) y Dios satisfizo su necesidad. La salvación se basa en el sacrificio de Cristo y la gracia de Dios; la seguridad viene de la Palabra de Dios. Dios le dio a Abraham un bocado de prueba prediciendo los acontecimientos: el viaje de Israel a Egipto, su sufrimiento en Egipto, su liberación en la cuarta generación (véase Éx 6.16–26) y su posesión de la tierra prometida. Nótese que Dios dice: «les he dado esta tierra» (v. 18), y no «les daré» como en 12.7. ¡Las promesas de Dios son tan buenas como sus obras! Nótese que por lo menos siete palabras o frases aparecen en este capítulo por primera vez: «La Palabra de Jehová» (v. 1); «No temas» (v. 1); «galardón» (v. 1); «heredero y heredar» (vv. 3, 7); creer, contar, justicia (todos en el versículo 6). Este capítulo nos muestra que no puede haber heredad sin condición de hijo (Ro 8.16–17), ni justicia sin fe (Ro 4.3ss), tampoco seguridad sin promesas, ni bendición sin sufrimiento. ¡Tuvo que ponerse oscuro antes de que Abraham pudiera ver las estrellas de Dios! II. La prueba del pacto (16) Dios hizo el pacto y Él lo cumpliría. Todo lo que Abraham y Sara tenían que hacer era esperar por fe (Heb 6.12). Sin embargo, ¡el espíritu está dispuesto pero la carne es débil! En el capítulo anterior Abraham escuchó a Dios y ejerció fe, pero aquí escuchó a su esposa y reveló su incredulidad. Cesó de andar en el Espíritu y empezó a andar en la carne. Hemos visto que la «fe es vivir sin intrigas», pero en este punto ambos trataron de ayudarle a Dios a cumplir su plan. Esto explica por qué Dios tuvo que esperar hasta que fueran viejos antes de darles el hijo. Tenían que estar muertos en sí mismos antes de que Él pudiera obrar (Heb 11.11–12). En el versículo 2 Sara culpa a Dios por su condición estéril e insinúa que Él no es bueno con ellos (véase 3.1–6). Luego acude al mundo en busca de ayuda, a Agar, la egipcia, pero la estratagema falla. Las obras de la carne aparecen (Gl 5.16–26). Dios no reconoció la unión. Llamó a Agar «sierva de Sarai» (v. 8). Esta es la primera mención del Ángel de Jehová en el AT y no es otro que Cristo. Dios cuidó de Agar, le instruyó que se sometiera a Sara y le prometió que su hijo, Ismael, sería grande, pero feroz. «Ismael» significa «Dios oirá» (véase v. 11). Cuando Isaac, el hijo de Sara, entró en la familia, no había sitio para Ismael y fue expulsado (21.9ss). Con el tiempo Ismael tuvo doce hijos (25.13–15) y sus descendientes han sido enemigos de los judíos durante siglos. Gálatas 4.21–31 enseña que Sara es un cuadro del nuevo pacto y Agar del viejo pacto. Agar era una esclava y el antiguo pacto esclavizaba a la gente (Hch 15.10); Sara era una mujer libre y Cristo nos hace libres (Gl 5.1ss). Ismael nació de la carne y no se pudo controlar. Asimismo, la ley apela a la carne pero no puede cambiarla ni controlarla. Isaac nació del Espíritu, un hijo de la promesa (Gl 4.23) que disfrutaba libertad. No se pierda las lecciones prácticas aquí: siempre que corremos adelantándonos a Dios, hay problemas. A la carne le encanta ayudar a Dios, pero la verdadera fe se muestra en paciencia (Is 28.16). No podemos mezclar la fe y la carne, la ley y la gracia, la promesa y el esfuerzo propio. III. La señal del pacto (17) Hay treinta años de silencio entre el nacimiento de Ismael y los sucesos de este capítulo. Dios tenía que esperar que Abraham y Sara murieran para sí mismos de modo que su poder de resurrección pudiera mostrarse en sus vidas. Dios se reveló como el «Dios Todopoderoso», el Shaddai, «el Todosuficiente». Nótese cómo se repite «mi pacto» en este capítulo. Su cumplimiento descansa en Dios, no en el hombre. Nótese también las repetidas afirmaciones «haré». A. Los nuevos nombres. «Abram» significa «padre enaltecido»; «Abraham» significa «padre de una multitud». «Sarai» se dice que significa «contenciosa»; pero «Sara» quiere decir «una princesa». Sus nuevos nombres prepararon la nueva bendición al entrar en su nuevo hogar. Sólo la gracia de Dios puede tomar dos idólatras paganos y hacer de ellos rey y reina piadosos. B. La nueva señal. Esta es la primera mención de la circuncisión en la Biblia. En ninguna parte el AT enseña que la circuncisión salve al hombre. Sólo es un símbolo externo del pacto entre Dios y los hombres. Fue para recordarles de la circuncisión interna, la del corazón, que acompaña la verdadera salvación (Dt 10.16; 30.6; Jer 4.4; y véanse Ro 4.11; Gl 5.6). El rito debía celebrarse en el octavo día (v. 12), y es significativo, ocho es el número de la resurrección. Triste es decirlo, pero los judíos dependieron del rito carnal y no en la realidad interna (Hch 15.5). Los creyentes de hoy están en el nuevo pacto y son la verdadera circuncisión (Flp 3.1–3), que se experimenta espiritualmente mediante la muerte de Cristo (Col 2.9–15). El cuerpo entero de pecado (la vieja naturaleza) ha sido quitada, y podemos vivir en el Espíritu, no en la carne. La risa de Abraham en el versículo 17 fue de una fe gozosa; la de Sara (18.12), de incredulidad. «Isaac» significa «risa». Dios rechaza a Ismael y establece su pacto con Isaac y sus descendientes; sin embargo, en su gracia designa una bendición especial para Ismael. |